Introducción.
"Asesinato" fue una historia que escribí cuando me encontraba entrando en la adolescencia,, actualmente cuento con una edad de 22 años. He crecido, he madurado mucho en ciertas cosas y casi nada en otras, me siento algo orgulloso de ello. Al volver a leerlo (Para pulir un poco la mano de aquél chico más inestable que el hombre de la actualidad) entendí por qué lo escribí.
En aquella época pasaba por ciertas situaciones y etapas por la cual cualquier adolescente pasaría sólo que a mí en particular me afectaban de una forma más intensa. Todo era una ira, todo era una depresión que se condensaba dentro de mi pecho como una gelatina oscura, monstruosa y pululante, con vida que crecía y crecía llenándome la mente de malos pensamientos.
Obviamente tales pensamientos nunca fueron exteriorizados (Quizá debí hacerlo para así no alimentar el monstruo) y cada cierto tiempo explotaba en crisis depresivas y coléricas nada adecuadas. Lo disimulaba bastante bien por lo que, casi siempre, el único afectado era únicamente yo.
"Asesinato" es la forma en cómo asesiné al monstruo en mi interior, que crecía con cada mal pensamiento y sentimiento, por primera vez. Este cuento es la forma en cómo pude matar a la bestia por cierto tiempo. Aunque quizá nunca la maté, sólo la mandé a dormir... He aquí el escape lírico de un niño quien pensaba que tenía a todo un universo en su contra.
Asesinato.
Y así, como si fuera el hecho más corriente en el mundo, la luz iluminó todo lo que su intocable cuerpo incorpóreo pudo alcanzar.
No sé cómo ni cuándo, no sé el por qué y mucho menos el dónde. Pero estaba allí, parado frente a ella... Oh ella, tan hermosa, claro, en esos momentos me parecía hermosa, antes no, antes la detestaba, la odiaba con toda mi alma, pero... A través de ella pude conseguir la paz que en aquellos momentos necesitaba, se veía tan maravillosa y preciosa en su profundo sueño causado por una pequeña dosis cloroformo.
Las manos aún me tiemblan, las siento frías y húmedas, siento un pequeño cosquilleo que se vuelve dolor cuando aprieto mis puños... Mis labios resecos tampoco ayudan mucho que digamos. Pensé que, para ser mi primera vez, mi cuerpo estaría lo suficientemente preparado para hacerme las cosas más fáciles pero no. Había una sensación extraña en mi estomago... ¿Qué había sido? ¿Ganas de vomitar? ¿Mariposas revoloteando en las paredes oscuras y viscosas de mis intestinos? No sé pero, joder, qué sensación.
Estaba allí dormida, quizás soñando que se encontraba en su casa, hablando con el chico que le gusta pero ya no importa... Lo importante es que estaba allí, en ese pequeño cuarto, conmigo.
En lo que más me tardé fue en poder trasladarla, ¿quién hubiera imaginado que pesaría tanto? Luego me dediqué en amarrarla, en las muñecas y en ambas piernas. No quería que se sintiera incómoda. ¿Sabían que si amarran fuertemente los miembros de una persona, la sangre deja de circular por ellos y pueden perder dicho miembro? Por eso traté de amarrarla, sujetarla, “AMORDAZARLA, VAMOS, AMORDÁZALA, MÁTALA MIENTRAS DUERME” decía aquella voz susurrando en mi mente pero no... No me servía de esa forma, no me hubiera dejado tranquilo. Como iba diciendo, sujetarla lo más suave posible pero impidiéndole cualquier vía de escape.
Una vez conseguido esto, me dediqué a admirar mi puente. Denominé “Mi Puente” a ese instrumento que me ayudaría a conseguir mi paz y mi tranquilidad a través de ella: Un cuchillo. Un cuchillo muy especial que merecía estar en una cocina no allí pero era... Era tan hermoso y brillante. 30 cm de acero inoxidable, mango negro con dos puntos a su costado de color dorado. Era tan filoso que mientras lo admiraba, me corté un poco el dedo índice. Me dolió pero recurrí a chupar mi sangre tan rápido como pude, manía que adopté en mi niñez.
La sangre… desde pequeño siempre tuve una obsesión con ella. ¿Sabían que hay dos tipos de sangre? La desoxigenada y la oxigenada. La oxigenada está ubicada en las arterias y la desoxigenada está en las venas. De hecho, la sangre desoxigenada es más oscura que la oxigenada y tiene un sabor más metalizado, la otra es más dulce... Pero igual, las dos saben horriblemente sabroso, excepto la de animal; la de animal es un asco.
Sólo quedaba aguardar; esperar a que despertara, pronto lo haría, mi lengua lo presentía ya que se encontraba descontrolada dentro de mi boca como si tuviera vida propia y estuviera tan emocionada como yo por lo que iba a suceder.
Pasaron unos 10 o 15 minutos cuando se comenzó a mover inconscientemente, como si despertara de un largo sueño pero las amarras impedían que lograra movimientos largos y la luz hacía que su rostro se arrugara.
De pronto, sus ojos se fueron abriendo poco a poco... Despacio. No tardó en descubrir que estaba atada, intentó hacer varios esfuerzos por quitarse las amarras tirando de ellas mientras miraba hacia los lados para intentar reconocer el lugar en el que estaba. La luz sobre ella la tenía casi ciega, por lo que empezó a exaltarse. Abrió completamente los ojos oscuros mientras sus mejillas, cuales, quizá, abarcaban todo su rostro cuando sonreía, en esos momentos no lo hacía gracias a una sonrisa sino a una expresión de terror; terror a no saber dónde está; terror a no saber qué sucede o cómo llegó allí. Los gritos y llamadas empezaron:
— ¿Dónde estoy? ¿Hay alguien allí? Por favor alguien que responda —Decía mientras aumentaba la voz— ¡DÉJENME SALIR DE AQUÍ! ¡POR FAVOR, QUIERO VOLVER A MI CASA! Tengo miedo... déjenme salir de aquí por favor...
Sus gritos me atormentaban pero a la vez los amaba, joder, qué bien se sentía que gritara, que se retorciera intentando zafarse de las ataduras y sólo consiguiera hacerse más y más daño.
Me le abalancé desde arriba de su cabeza. Apoyé mis manos por encima de sus hombros y pegué mi frente a la de ella, la cual ya había comenzado a sudar, nuestros ojos se encontraron y me di cuenta de que los suyos estaban llenos de lagrimas.
— ¡GRITA, GRITA MÁS FUERTE MALDITA SEA, NO, NO YA DEJA DE GRITAR, NO SIGAS GRITANDO! —Yo le decía, admito que había perdido la calma en ese momento pero intenté controlarme lo más que pude, tenía que hacerlo.
Ella no decía nada, sólo me observó y me reconoció, claro. Nunca cruzamos palabras pero igual, me reconoció, ella sabía quién era ya que estudiábamos juntos.
— Eres tú —Dijo entre palabras que chocaban por salir de su garganta a causa del nudo en su garganta que la embargaba—, eres el raro de la clase…
No dije nada. Mi rostro era sólo una hoja en blanco esperando que mi mente se dignara a plasmar expresiones en él.
— Pe-pero, ¿Por qué? —Dijo ella.
— ¿Por qué? ¿Aún lo preguntas? YO TE PREGUNTO A TI EL POR QUÉ. ¿Por qué? DÍMELO. Ya le habías hecho daño... ¿Por qué tuviste que matarla? —Mis palabras venían acompañadas con golpes fuertes en la mesa.
Sus ojos se tornaron confusos pero luego de un rato supe que ya sabía el por qué estaba aquí, pude ver el miedo dentro de aquellos, veía el miedo que me tenía en esos momentos y me regocijé con él.
Me separé de su frente sudorosa y empecé a caminar al rededor de la mesa, hasta que me detuve en el lado derecho. Lagrimas más grandes empezaron a recorrer la mejilla una vez que vio la cuchilla salir de mi bolsillo.
— ¿Qué vas hacer? —Replicó aunque ella supiera la respuesta a su propia pregunta sólo que intentaba hacerme recapacitar haciendo que su pregunta me la hiciera yo mismo en mi cabeza.
— ¿Qué voy hacer?, ¿no es lo bastante obvio ya? Digo... Despiertas en un lugar oscuro, con una luz sobre ti, no conoces dónde estás, no sabes cómo llegaste aquí, estás atada, hay un jodido maniático a tu lado con un cuchillo, es decir, ¿Nunca viste películas de terror?
— ¡¿Estás haciendo todo esto por una estúpida gata?! ¡Sólo por un animal! —Y allí perdí el sentido…
— ¡¿POR UN ANIMAL?! Matilda no era solo una gata… —Tomé su cabeza entre mis manos y comencé a golpear su cabeza contra la mesa mientras reiteraba— ¡MATILDA ERA MI JODIDA AMIGA! ¡MI ÚNICA AMIGA!
Comenzó chillar y llorar con más locura, solté su cabeza y me sorprendió que, con más desesperación, intentara escaparse allí, sus brazos y piernas ya tenían roturas en su piel a causa de las ataduras. Le repliqué:
— No quiero... No quiero perder más tiempo. No necesito escucharte, no necesito saber el por qué mataste a Matilda, eres mala y las personas malas deben morir...
Comenzó a retorcerse más, hubo un instante en que hizo un exagerado esfuerzo por romper las ataduras que sólo logró encorvar su espalda hacía arriba y formando un pequeño puente anatómico el cual no duro mucho y, por ende, calló sobre la mesa. Eso me hizo reír un poco, ¿Quién dijo que no podría haber risas y carcajadas? Di otra vuelta a la mesa y quedé sobre su lado izquierdo.
Corté con el cuchillo su camisa de un grupo de rock que no reconocía y recorrí, con la punta de la hoja, desde su abdomen hasta el centro de su diafragma, ella no dejaba de moverse provocando que varias veces la punta de mi puente se clavara sobre su piel y liberara un poco de ese liquido color carmesí.
— No te muevas, sí lo haces, sólo conseguirás hacerte pequeños cortes que, en verdad, sí dolerán.
A pesar de mi consejo, siguió retorciéndose y, como una profecía, la punta del cuchillo se clavó varias veces sobre su carne y muchas gotas de sangre empezaron a salir, parecían islas rojas sobre un océano de piel blanca.
Me sentía frenético, no sabía por dónde comenzar, a fin de cuentas veía todo aquello como un experimento... La adrenalina abarcaba cada parte de mi cuerpo, mi entrepierna crecía y se engrosaba, mis manos temblaban, mis labios se resecaban no importa cuántas veces pasara mi lengua sobre ellos y ella simplemente no dejaba de moverse.
— ¡DEJA DE MOVERTE! —Grité perdiéndome en mí mismo.
Levanté el cuchillo lo más alto que pude, emitió un resplandor debido al angulo que obtuvo a la luz, y cerrando los ojos, sin ningún tipo de pensamientos, hice descender mi arma con todas mis fuerzas que podía ejercer.
Luego simplemente abrí los ojos. Me encontraba apoyando los brazos sobre aquél cuerpo que comenzaba a llenarse de sangre, sentía como aquél liquido empapaba mis manos y mis brazos.
Cuando levanté la cabeza, vi el cuchillo completamente dentro de ella... Pero, por el hecho de haber bajado con tanta velocidad, éste rebotó e hizo que el agujero de entrada se hiciera mucho mayor y por allí fue donde empezó a emanar gran cantidad de sangre.
La miré a los ojos, se hallaban más abiertos que nunca debido al shock, me observaba, sin juzgarme, me gusta pensar que al final entendió que aquello era lo justo y que ella debía pagar por lo que hizo.
Intentó hablarme pero sus palabras fueron cortadas por los coágulos de sangre que se formaban en su garganta y que, por la tos, fueron expulsados en pequeños chorros por la boca.
Y todo acabó, dejó de moverse, sus ojos quedaron allí mirándome, muertos y desgraciados pero observándome. Fui lo último que ella vio.
Me levanté, mis manos cubiertas de sangre se sentían extrañas y temblaban más que nunca... No dije nada... Simplemente me fui.
El hipnotista Eduardo Herrera chasqueó los dedos y Luis Rangel, chico de 15 años que había sido acusado de asesinato, volvió en sí. El chico bostezó y observó cómo el hipnotista y el sargento Carlos Ramírez lo observaban perplejos.
— ¿Sucedió algo señores? —Dijo Luis mientras se rascaba la parte de atrás de la cabeza.
— Luis, hijo, ¿Recuerdas algo de lo que has dicho? —Se limitó a decir el hipnotista.
— Pues no, creo que no, lo último que recuerdo es que usted estaba balanceando frente a mí su reloj de bolsillo, señor.
Ramírez, que se hallaba sentado, se levantó, hizo ademán con la mano a los otros dos oficiales que se encontraban en aquella habitación con ellos a que esposaran al chico.
— Luis Andrés Rangel Fernández, se encuentra bajo arresto tras haber confesado el crimen de asesinato contra la señorita Vivian Ortigoza.
Anunció Ramírez mientras se levantaba los pantalones y los oficiales terminaban de colocarle las esposas a un Luis totalmente confundido.
— ¿Asesinato? Pero señores, ¡Yo no asesiné a nadie! ¿Quién es Vivían Ortigoza? ¡No conozco a nadie con ese nombre!
Luis comenzó a gritar mientras los policías se lo llevaban de aquella sala. Ramírez observó a Herrera y, para despedirse, dijo:
— Me sorprendo cada vez más de la clase de locos que hay en la ciudad en estos días… Quiero su informe mañana por la mañana, necesito un cigarro, feliz tarde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario