Buenos días, tarde o noches, sea cual sea el momento en que leas esta historia.
He estado subiendo cuentos muy cortos porque dentro de poco tendré que formatear la pc por lo que he estado arreglando todo (Ordenando carpetas y archivos, sí, como si me fuera a mudar de mi casa) para poder hacer un respaldo. Entonces no he querido subir cuentos tan largos porque luego tendría que modificar el archivo respaldo de dicho cuento o historia y aja, es más complicado.
Por lo que prefiero subir cuentos cortos que son más fáciles de releer y modificar.
Este domingo les traigo una historia parecida a la de la semana pasada. Pero, si la del domingo pasado trató más que todo el género de la ciencia ficción, ésta está más inclinada a lo que es el "Terror" aunque siento que de terror no tiene nada...
Prometo que para cuando tenga la pc lista subiré historias de mayor calidad (Las que de verdad me siento orgulloso). Mientras tanto espero gusten de ésta...
La maldición.
La bóveda celeste se reflejaba en el agua y eso a Daniel le
fascinaba. Le había agarrado el gusto a hacer aquellas caminatas nocturnas por
la costa; algo de bueno debía tener el haberse mudado (Otra vez).
Su edad era de 17 años pero gracias a su alto historial de
lectura se le hubiera podido calcular una edad mental de unos 40 años. Era
inseguro pero curioso para sus aficiones, su físico no destacaba ni en lo malo
ni en lo bueno. Daniel, simple y llanamente, era... Daniel. Se consideraba así
mismo una persona común y corriente, y él lo sabía muy bien pero hacía ya mucho
tiempo que eso dejó de importarle.
Seguía caminando, lo hacía descalzo para así sentir el
oleaje en sus pies, cuando divisó a lo lejos una botella oscurecida la cual se
interponía en su camino. Mientras se fue acercando más y más a ella se dio
cuenta de que estaba enterrada en la arena y que no era una botella como
cualquier otro envase de soda ya que parecía más robusta y con un corcho de
vino en la boquilla.
Al estar totalmente frente a ella, y pensando que no tenía
nada más que hacer, la desenterró y la alzó a la luz de la luna. Era una
botella antigua verde oscura y tenía algo adentro: parecía un trozo de papel
enrollado. Daniel con ligera sorpresa que acrecentaba su curiosidad quitó lo
más rápido que pudo el corcho y, sosteniendo la botella con la boquilla hacia
abajo, utilizó sus dedos para sacar aquella nota misteriosa.
Daniel, pensó en todo momento que aquello sería una tontería
que cualquier adolescente hubiera hecho, pero al momento de sacar y desenrollar
aquella misiva pudo comprender que no hubiera podido ser obra de cualquier
adolescente, decía:
"Bienaventurados sean aquellos quienes encuentren este
mensaje portador de malos augurios... Desde ya doy las gracias; gracias infinitas,
a la vez pido perdón y suplico que, en su entendimiento, pueda usted poder
perdonar a este desconocido receptor el cual pasa hacia su persona una
maldición.
Una maldición que ha trascendido a través del tiempo y
perjudicado a sea quien sea su portador sin perdonar razas o estatus social.
Desgraciadamente he de infórmale que no puedo contarle nada más al respecto, no puedo decirle cómo
será su futuro sufrimiento ni mucho menos cómo poder salvarse de él...
Doy, nuevamente, gracias por haberme salvado de éste
infierno que, desde el momento en que abrió esta botella, ha pasado a ser suyo
y pido, otra vez, perdón por hacer que usted tome mi lugar...
Le deseo la mayor suerte de todas y que Dios tenga
misericordia de su persona.
Antonio Marco Baldemar Marques. 27
de Mayo de 1423"
Daniel dejó de leer la carta con incredulidad. Era escéptico
hacia ese tipo de cosas por lo que rompió el papel, lo metió de nuevo a la
botella y la lanzó al mar pero, al hacerlo, notó algo... Algo extraño en las
aguas.
Había formas sobre el oleaje, siluetas negras que se
extendían por todo el tramo que la vista de Daniel pudiera alcanzar. Dichas
siluetas se iban acercando poco a poco a la playa, Daniel estaba a punto de
paralizarse pero comenzó a correr de vuelta a su casa. El miedo aumentaba a
desesperación cada vez que miraba hacia el mar y veía aquellas sombras
monstruosas acercarse más y más a él…
Al llegar a casa intentó buscar a sus padres pero no había
nadie, era imposible, cuando él dejó la casa hacía una hora se aseguro de que
sus padres estaban durmiendo para poder salir tranquilo. Y ahora no había
nadie...
Corrió hacia las casas cercanas a la de él pero no obtuvo
respuesta de nadie por más que gritara y golpeara las puertas. Quizá no lo notó
al instante pero se encontraba completamente solo.
Mientras corría intentando buscar la ayuda que, cada vez se
daba más cuenta de ello, nunca conseguiría, volteaba y observaba cómo aquellas
monstruosas siluetas oscuras se aproximaban a él despidiendo un hedor de
putrefacción y mar imposibles de soportar.
Hasta el día de hoy, Daniel sigue corriendo y sus padres lo
siguen buscando...
Fin.
Bueno, hasta aquí la historia de esta semana. Bastante corta a decir verdad.
Cualquier cosa, cualquier comentario, por favor no duden en mencionarme en mi Twitter. Tengan una feliz semana.

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